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Mitos comunes relativos al acné
Hay muchos mitos acerca del acné que no tienen ningún fundamento. Por ejemplo, si sus amigos se dicen que el acné surge ante una mala alimentación, el estrés emocional o una mala higiene, ninguno de estos factores tienen que ver con el acné. Si tiene acné, debes convencerte de una vez por todas que no es culpa suya, ni proviene de algo que hayas hecho mal; nacemos con la tendencia a tener o no tener acné, y está relacionada con la estructura física de nuestros poros (conductos foliculares) en la piel.
Alguien que no tenga predisposición a tener acné puede comer medio kilo de chocolate al día, y comida grasa como pizzas y patatas fritas, y no tener una sola espinilla.
Si tiene tendencia a desarrollar acné, es importante que vigiles su dieta y que intentes llevar una vida sana. Comer comida chatarra, exponerse a estrés emocional y no cuidar de su piel empeorarán su problema de acné. Estos factores pueden llevar a una producción mayor de sebo y por lo tanto a una mayor incidencia de erupciones en la piel, formando más acné.
Aquí están los mitos más populares sobre el acné:
Mito: el acné puede curarse.
Hecho: de momento, el acné no se puede curar, se puede tratar la afección de manera efectiva hasta que desaparezca o hasta que se desarrolle una cura.
Mito: hay que dejar que el acné siga su curso.
Hecho: Se han dado pasos gigantescos en los tratamientos anti-acné como el Trioxil® (gel de bisazuleno) 14%, y no hay razón para sufrir por él.
Mito: el acné es una infección.
Hecho: el acné es una afección ligada a una cierta estructura del poro (conducto folicular) y a una producción mayor de sebo por parte de las glándulas sebáceas. El acné no es infeccioso y no puede contagiarse.
Mito: el acné es una dolencia cosmética y no necesita ser tomado en serio.
Hecho: el acné puede tener profundas consecuencias psicológicas, tanto en jóvenes como en adultos, y puede conducir al aislamiento en actividades sociales y profesionales. Es importante dar pasos para tratarlo.

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